El arte de volver a empezar


A pocos días de terminar las vacaciones de verano, no dejan de asaltarte los recuerdos de esos días de infancia en los que, a la vuelta de la playa, ibas con mamá a las librerías a comprar los cuadernos y libros que usarías ese año escolar que comenzaba. El olor a papel y lápices nuevos, sentir en la piel la ropa del uniforme de colegio recién planchado y almidonado te generaban un sentimiento de esperanza, de expectación. Una sonrisa en el alma que -como si intermediara un espejo- se refleja ahora en tu rostro cuando recuerdas esos momentos.


Hoy, como entonces, el tiempo se abre ante ti. Después de los días de verano —libres, en los que no existían obligaciones evidentes, pero con sus propias reglas invisibles—, llega el momento de volver a poner orden en el tiempo y en el espacio.

Ese mismo orden que rige la naturaleza anuncia que el otoño está cerca. Y tú, que eres parte de ella, entras también en un nuevo ciclo.


Los cuadernos nuevos te recuerdan que hay patrones que te guían: líneas sobre las que escribir tu propia historia. La naturaleza también tiene sus renglones, y quizás un ser superior —Dios, o como quieras llamarlo— los coloca ahí para que cada uno lidere su camino.


Pero la vida no es solo orden. La vida es tensión: entre estructura y libertad, entre control y entrega, entre razón e intuición.


Sin esos patrones que te guían combinada con la libertad individual que tira a dar preponderancia a tu propio ego, miras tus miedos y caes en el deseo de control. Y cuando buscas controlarlo todo, te quedas atrapado en el miedo. Cuando controlas vives en tensión contínua, tu mirada se queda en tu propia razón que te susurra: “no avances hasta saberlo todo”. Pero el corazón, en cambio, te pide buscar la verdad en eso que no conoces y que no ves. Te empuja a confiar, a explorar lo desconocido, a dejarte guiar por la intuición aunque a veces parece menos sabia que la lógica. En el orden encuentras armonía: la Belleza. Sales de ti mismo y “miras” y “te miras” con el corazón. 


Déjate llevar por el orden natural como cuando eras niño, con la esperanza y la confianza que inundan tu corazón. Porque al contemplar la naturaleza —y reconocerte parte de ella—, encuentras esa belleza que une, que armoniza, que nos recuerda que tu historia no la escribes solo: la estás creando en la gran composición que compartimos con otros. 


Quizá la invitación sea esta: confiar como cuando eras niño. Estrenar este nuevo lápiz con la misma esperanza limpia, con la certeza de que, en tu naturaleza, habita también la capacidad de renovarte.


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