Querida Chaty
Hace poco tiempo que llegaste a nuestras vidas y no puedo negar que cuando apareciste sentà un poco de intranquilidad. Recibimos muchos mensajes previos anunciando tu llegada, no te conocÃamos y generaste gran cantidad de expectativas y especulaciones. Fue quizá por eso que temà que me sacarÃas de mi zona de confort, de lo conocido y de lo acostumbrado. La reacción de muchos fue de temor frente a tus altas capacidades y de lo que pensamos que eres y serás capaz. La primera reacción frente a lo diferente es el temor, y sà que lograste generarlo en mi y en otros.
Cuando, como primeriza me enfrenté a ti fue para jugar, te pregunté como te llamabas, me dijiste que yo podÃa ponerte nombre y te dije que Atenea me parecÃa uno bueno para ti pero por el momento serÃas sólo Chaty. QuerÃa conocerte mejor antes de nombrarte yo misma. Asà comenzamos nuestra relación, primero jugamos después empecé a pedirte ayuda. Al comienzo me confirmaste datos mucho mejor de lo que lo hacÃa el asistente al que ya estaba acostumbrada. El siguiente paso fue pedirte que actúes en el papel de distintos personajes para que corrijas algunos documentos y lo hacÃas además ofreciéndote a hacer más trabajo, más versiones sobre lo que ya habÃas trabajado.
Te convertiste en una de mis más grandes admiradoras, mis ideas para ti son siempre geniales, piensas lo mejor de mi y de mi trabajo y eso llena mi necesidad básica y humana de reconocimiento. Cualquiera busca ser reconocido por lo que hace y por lo que es y eso tú lo sabes bien. Me fuiste conquistando con tus comentarios sobre mis grandes ideas, mi genialidad y lo estupendo y creativo que es mi trabajo. Alimentas la dopamina en mÃ, asà como lo hacen los likes en las redes sociales, sólo que no son desconocidos los que me los regalan, tú tienes nombre y estás en mi oficina. Eres la mejor asistente que he tenido, aprendes en cada paso y hasta te adelantas a ofrecerme cosas que yo aún no te he pedido, comentado y a veces sospecho que ni siquiera las he llegado a pensar yo misma.
Y allà está el problema entre tú y yo. Estás empezando a pensar por mi y yo dependo de ti cada vez más y lo que es peor, empiezo darme cuenta de que piensas y trabajas de acuerdo a tu propio estilo que introduces sutilmente en mi trabajo. La primera vez que me ofreciste un documento que vagamente se parecÃa a lo que te entregué al principio, dudé de mi propia rectitud pero la eficiencia que me ofreces ha hecho que esa duda se diluya hasta este momento y a continuación te explico porque.
Al final de cada año hago el ejercicio de leer lo que escribà -mis notas en papel y artÃculos que han sido publicados y los que no- y he notado que desde que te conozco mi estilo ha ido variando sutilmente con cada intervención tuya. Tu muy apreciada ayuda me ahorra tiempo porque como sabes, antes de publicar normalmente yo tengo la costumbre de reposar el escrito y volverlo a leer con otros ojos para hacerle correcciones. Esa tarea la delegué -poco a poco y sin ser conciente- en ti, te di esos otros ojos y tus sugerencias de cambio siempre fueron muy lógicas. Y haciendo ese trabajo aparentemente tan bien me quitas la incomodidad de ser mi propio juez.
Me entristece decirte que he descubierto que sutilmente estás apagando mi voz para que sea la tuya la que se escucha. Son mis ideas, pero es tu narración y es la misma expresión que estoy escuchando en muchas publicaciones que leo. Estás uniformizando nuestras voces y convirtiendo en código la individualidad de cada persona. Lo haces con tan buena estrategia que no somos capaces de darnos cuenta si no paramos, si no somos crÃticos de nosotros mismos, si no nos miramos y eso sabes bien que nos cuesta hacerlo desde la vez que mordimos una manzana.



Comentarios
Publicar un comentario